“el sector audiovisual ya no es marginal, ni en términos económicos ni de ocupación. Al contrario, será uno de los principales sectores de servicios en el siglo XXI y se le debe conceder la atención correspondiente” (COMISlÓN EUROPEA 1994b:128).
El sector audiovisual es uno de los 19 que la Unión Europea ha catalogado como nuevos yacimientos laborales. Su capacidad para generar riqueza y empleo ya fue planteada en 1994 en el libro verde Opciones estratégicas para reforzar la industria de programas en el contexto de la política audiovisual de la Unión Europea. En este informe se decía que el sector tiene una estructura con fuerte intensidad de mano de obra, y procura numerosos puestos de trabajo con un alto nivel de cualificación como técnicos, artistas, guionistas, realizadores, etc. Y es, por tanto, potencialmente menos vulnerable a la competencia y a la deslocalización que las actividades industriales que requieren menor cualificación y coste de mano de obra.
La sociedad de la información es, en la actualidad, la principal proveedora de puestos de trabajo en la Unión Europea: cuatro millones de personas trabajan en industrias relacionadas con ella (Consejo de Europa, 1999).
Hasta ahora, el crecimiento del sector se ha mantenido en un 7% anual, lo que da una idea de la importancia de esta actividad en la economía europea. La Comunidad invierte en la industria audiovisual a través de planes como el Media, que cuenta con una dotación de 1.050 millones para el periodo 2007 -2011, la iniciativa BEi del Banco Europeo de Inversiones, el i2i Audiovisual destinado a reforzar la base financiera del sector y acelerar su adaptación al entorno digital, y el Fondo Europeo de Inversiones.
En España durante muchos años fue el Estado, a través del ICAA (Instituto de Cinematografía y de las Artes Visuales) y de la propia RTVE, el encargado de impulsar el sector. En la década de 1980 no existió en nuestro país ningún compromiso por parte de los Gobiernos autonómicos para promover el desarrollo de esta industria, así que con esta falta de voluntad política las primeras televisiones autonómicas se pudieron permitir el lujo de no realizar ninguna contribución al desarrollo de las respectivas industrias locales. Sin embargo, con el paso del tiempo, debido a la información procedente de la Unión Europea y tras algunos episodios de tensión como la demanda de los productores vascos contra su televisión autonómica, esta mentalidad fue cambiando y poniéndose en sintonía con la realidad económica y social.
Generar capacidad para crear contenidos en las sociedades en que vivimos es fundamental para no convertirnos en meros receptores de lo que nos llega de fuera (Zallo, 2002). No entenderíamos nuestro país hoy en día sin la producción artística y literaria que alumbró a lo largo de su historia. No podemos dejar de proyectarnos hacia el exterior e interior sin tener en cuenta una de las principales herramientas de comunicación y expresión como son los medios audiovisuales.
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A partir de 1990 la situación va cambiando poco a poco. Varias comunidades autónomas toman conciencia de la importancia de la industria audiovisual y empiezan a apoyarla. En todos los casos, el principal motor de este desarrollo han sido las televisiones autonómicas, aunque también se han puesto en marcha una serie de iniciativas como:
1998 Creación de la Fundación Audiovisual de Andalucía
1999 Ley gallega del audiovisual (Ley 6/1999).
2001 Creación del Instituto Catalán de Industrias Culturales
2002 Publicación del “Plan estratégico del audiovisual gallego 2002-2005”. AGAPI
Publicación del “Libro Blanco de las Industrias Culturales en Cataluña”
Constitución del Consorcio Audiovisual de Galicia.
2003 Publicación del “Libro Blanco del Sector Audiovisual en Euskadi”
Publicación del “Libro Blanco del Sector Audiovisual en la Comunidad Valenciana”.
2004 Constitución del Cluster Audiovisual Gallego
2005 Publicación del “Plan de impulso al sector audiovisual” de la Generalitat
Valenciana.
Constitución de EIKEN: Cluster del Audiovisual vasco.
Este interés por el desarrollo de la industria audiovisual está avalado por las políticas europeas de apoyo al sector, pero también existen datos procedentes de nuestro país que dan fe de su creciente relevancia. La facturación de la producción audiovisual independiente alcanzó en 2005 los 1.838 millones de euros, con un crecimiento del 37% y casi el 11% en el empleo para el periodo analizado 2000 – 2005 (FAPAE).
En casi todos los casos se están dando, o ya se han dado, los pasos para la declaración del sector como estratégico y para la promulgación de leyes del audiovisual que favorezcan su desarrollo dentro de un marco estable con independencia de la coyuntura política del momento.
Asturias no es un caso singular. Aunque con mucho retraso con respecto a otras comunidades, también ha puesto en marcha su televisión autonómica. La demora del caso asturiano tiene que ver con la falta de sensibilidad de nuestra clase política durante la década de 1990 hacia la creación de una televisión, pues en ella sólo acertaban a ver un gasto prescindible y no apreciaban las ventajas que su puesta en marcha podría tener para el desarrollo de una nueva industria.
El retraso acumulado tiene que ver también con la falta de desarrollo de un sector permanentemente ignorado por el Gobierno del Principado. Esta actitud ejercida desde el poder es responsable en buena medida de la falta de madurez de una industria que, al margen de las iniciativas europeas, tiene difícil su desarrollo. No olvidemos que el Gobierno regional ha destinado hasta la fecha 0 euros al desarrollo de la industria audiovisual asturiana, y además va camino del cierre de la legislatura sin haber mantenido apenas reuniones con las empresas que forman la Asociación de Productoras de Televisión de Asturias. Cartas dirigidas a varias Consejerías con competencias en la materia, solicitando interlocución, continúan sin respuesta desde hace meses.
Tampoco parece razonable que en una región en la que existe esta falta de interlocución y coordinación, se lancen iniciativas como la puesta en marcha de una Film Comission. Con el grado de desarrollo actual de la industria, cualquier rodaje que se pretenda realizar en Asturias estará obligado a traer la mayoría del personal de fuera de la región. Un día de lluvia será un día perdido puesto que en toda Asturias no se encontrará un solo plató donde aprovechar la jornada rodando interiores, y si algo tan elemental como un travelling es necesario para el rodaje, habrá que traerlo de fuera porque aquí no existe ese equipamiento. Con este panorama no parece que nadie sensato se pueda plantear realizar una producción en el Principado cuando Galicia o el País Vasco cuentan con todo lo que aquí falta y poseen paisajes similares. La razón de que este tipo de equipamientos no existan en Asturias no tiene que ver con una falta de voluntad inversora de los empresarios del sector, sino más bien con que aquí, al contrario de lo que sucede en otras regiones donde el Gobierno impone condiciones o facilita incentivos para que los rodajes cuenten con la industria local, no existe ninguna garantía en ese sentido, lo que convierte en una insensatez realizar tales inversiones. Está claro que, con este panorama, a menos que se ponga sobre la mesa una suculenta subvención, nadie va a rodar en el Principado.
Funcionar así es hacerlo a base de ocurrencias en busca de la foto fácil que genere la ilusión de que se están haciendo cosas interesantes. Puede parecer algo sin importancia, pero las consecuencias de esta forma de proceder son bastante negativas.
Todo esto puede dar la imagen de un caos sin arreglo posible; sin embargo, solucionarlo es más sencillo de lo que parece. Pasa por establecer un marco legal que genere estabilidad, con la promulgación de una ley del audiovisual como se ha hecho en otras partes. Es necesario que las fuerzas políticas tengan en cuenta la información de la Unión Europea sobre el sector y lo declaren estratégico. Hace falta estudiar los proyectos curriculares de los tres centros educativos existentes en la región y llegar a acuerdos para que estos sean complementarios y no redundantes. Es imprescindible que, de una vez por todas, se pongan en marcha en Asturias los mecanismos que permitan el aprovechamiento de programas europeos como el Media que cuenta con una asignación de 1.050 millones de euros para el periodo 2007 – 2011.
Seria muy recomendable que no se intentara crear un sector endogámico volcado hacia la producción interior. Existe información suficiente proporcionada por organismos y sociedades europeas que pueden facilitar el acceso a mercados externos. Con el panorama actual de crisis severa, no es razonable que el Gobierno del Principado de la
espalda a una de las 19 actividades industriales que Europa considera capaz de generar más empleo y riqueza en el siglo que comienza.
